Una noche sin urgencias, una terraza en calma, un bebé durmiendo, niños pequeños jugando en el salón, "niños grandes" jugando a adultos por las calles de la adolescencia compartida.
Un cielo de estrellas como nunca se había visto, silencio sólo roto por risas y palabras suaves, semioscuridad compartida.
Conversación de temas diversos, de teatro a física cuántica y alguien no visible escuchando, y más risas y más silencio, intimidad.
Bebida y comida para acompañar con moderación, a lo lejos música en directo a lo cerca música de amistad.
Seis amigos, una noche de verano, un pueblo... el Paraiso.
